Cada vez que me tumbo en mi cama, cada noche, mi propia almohada me echa la charla y me repite una y otra vez que no fui lo suficiente para ti y te perdí, que asta ella misma te echa de menos. Que mi colchón a veces tiene tu hueco reservado, que mis sabanas ya no te tapan y no paran de echarme la culpa. No paran de preguntarse porque te perdí.
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