jueves, 9 de junio de 2011

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Vivir en una constante crisis existencial, la cual nunca es resuelta acompañada por una nostalgia inentendible.
Querer largarse, pero no poder, luchar porque en tu puta cabeza hay una parte que te dice que esto es idiota, sin sentido y suicida, pero otra que te dice que eres asquerosa y sin esto, aun más. Que contradicción, ¿no?

Se acabaron los sueños..

Cuento los días de dos en dos, a ver si así llega antes la mañana en la que no me duela.

El mundo no se para aunque yo me quede quieta. Todos giran, y nadie me ve.

Sí, quiero matarme. Pero sin que se note, poco a poco. Vomitar todo lo que como hasta sentir el vacío en el estómago. El mismo vacío que tengo en el hueco del corazón y en la memoria, para combinar. Fumar hasta sentir que el humo me da dolor de cabeza, como si me presionase el cerebro. Rasgarme la piel, y las entrañas. Matarme desde dentro y desde fuera. Y coleccionar odio, tristeza, angustia, lágrimas, soledad, indiferencia y rabia en botes de cristal. Para después romperlos agresivamente contra el suelo y ver como estallan en cachitos, como una gran ola expansiva que se lo lleva todo. Como un fin. Cientos, y translúcidos trocitos de pequeños cristales que son imposibles de volver a pegar.
Ojalá pudiesen estallar contra el cielo, en lugar de contra el suelo, y pudiese morir en una lluvia de brillantes cristales

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Voy a matarme, quizás suene a mentira porque lo he dicho tantas veces que aburre, pero no lo es. Te cansas de oírmelo decir sin que pase nada, no llega, no sucede... pero es verdad, te lo aseguro. Pero no ahora, no hoy y no mañana, porque así no puede ser, sería darte la razón y ser una victimista que solo quiere llamar la atención, un PUM al que todos mirarían, y no me gusta que nadie me mire. Pero lo haré, pasará, pero poco a poco, puede que dos meses, puede que tres, pero mi despedida es ahora porque quizás mañana esté demasiado ocupada destruyéndome más más y más que no me de tiempo a decirte adiós.

miércoles, 8 de junio de 2011

Bienvenidos a mis sueños.

La lluvia inundaba el cristal, la carretera lloraba océanos, y se derumbaba el mundo como si fuese a morir, estallar. O más bien eso sentía yo en el corazón. Dolor y frío. Las lágrimas trasnformaban mi visión del mundo en una neblina blanca, en aquel momento en el que estuve a punto de morir ahogada. Ahogada, estaba ahogada, con sabor a sal. La agonía me comprímía contra el asiento y solo chillaba, gritaba y pisaba el acelerador. La velocidad no me producía terror, porque nunca he tenido miedo a la muerte. Ojalá pudiese morir. Y la receta de juntar todas esas cosas hizo que el coche dejase de ir por el camino correcto, sobre el agua bailó su último adiós. Mi cabeza solo pintaba el precipio que cubría durante kilómetros la ladera de la montaña que intentaba escalar. Precipicio, precipio, al vacío, al vacío. Esta es la oportunidad perfecta. Ahora o nunca. Es hora de morir sin querer. Jamás habría ese momento otra vez, tantas motivos por los que no ser culpable. Un triste accidente. Pisé a fondo el acelerador, que termine ya, pero el mundo no quiso dejarme volar. El coché explotó contra apenas 5 metros de piedras entre la carretera y el nunca más. Cientos de kilómetros de final y un ínfimo trocito de salvación, de sobrevivir. Y ahí terminé, justo justo justo ahí.
El morir me sujetó de la muñeca y me tiró fuera del mundo, fuera de la carretera. Quiso que rozase el no estar, deleitarme con el poder despedirme, hacerme sonreir con el poder. Y luego, cruelmente, me lo quitó, me explosionó por dentro y por fuera y me dejó tirada, abandonada, para siempre.

martes, 7 de junio de 2011

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Vómitos estelares cuando los ojos están cerrados, pero yo no duermo porque el insomnio me corroe las neuronas.

jueves, 2 de junio de 2011

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Necesito una sobredosis de mimos.
Y creo que los únicos mimos que recibiré será el abrazo que le daré a mi almohada antes de irme a dormir. Y ni si quiera lo recibiré, por que tendré que abrazarla yo.


Que alguien me mate, por favor.