domingo, 24 de abril de 2011

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Ayer ví de nuevo El Diario de Noah, puedo decir que lloré, aunque tampoco me sorprende, llorar es algo que me paso el día haciendo. Tenía dos cumpleaños pero opté por quedarme en casa con J, fumarnos unos porros y ver unas pelis.
Gracias a ella y a la marihuanna pude mantener mi cabeza bloqueada hasta hoy por la mañana, sin embargo, no tiene pinta de que hoy vaya a ser un día mejor que el de ayer.
Tras la conversación con mis padres, digamos que ahora se comportan de manera más comunicativa... Pero llegué a la conclusión de que ni si quiera eso me hace sentir mejor. Cualquier cosa me resulta insuficiente, no hay nada que crea que me satisfaga como para mitigar el dolor. Soy un saco de arena vacío que no se puede llenar. . .Aunque ojalá pesase tan poco como un saco vacío.
Haga lo que haga, pase lo que pase, el dolor sigue ahí, las lágrimas caen y no hay nada que pueda cambiarlo.
Si echo la vista atrás, me recuerdo tiritando en mi cama creyendo que no se puede caer más, que el pozo no tiene más profundidad. Pero una vez más, y como de constumbre, me equivocaba. Si se puede caer, es más, si no te cogen, puede que no dejes de caer nunca, y que el fondo sea simplemente el día que ya no tengas fuerza para mantenerte con vida.
Supongo que yo seré de esas personas. Aunque yo las fuerzas las he perdido, y sin embargo, sigo sin dejar de caer.





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